Convivencia armoniosa en hogares con múltiples perros

Ladridos, destructividad, desorden y peleas son escenarios que podemos esperar cuando tenemos varios perros en casa. Acompáñanos en este artículo para aprender a prevenir situaciones problemáticas en el hogar y fomentar una mejor relación entre los canes que nos acompañan en la rutina diaria.

La convivencia con perros influencia de manera positiva en las personas a nivel de la salud física y mental, a partir del vínculo desarrollado en la relación humano-mascota y por las demostraciones de afecto que nos ofrecen.

Por MV Luis Antonio Buitrón Ramírez
CMVP 12957
COGNIVET

Estos beneficios recibidos pueden verse disminuidos por la presencia de problemas conductuales, particularmente si tenemos más de un canino en el hogar. Uno podría pensar “a más perros, más amor canino recibo” y en muchos casos esto resulta real. No obstante, hay situaciones en donde aparecen diversos problemas de comportamiento como resultado de factores individuales (personalidad) o una relación social inestable (grupo social).

Las diferencias en la personalidad (edad, nivel de actividad, estado reproductivo), la competición por recursos (conductas agresivas por protección de objetos) y la presencia de problemas individuales (asociados a miedo, agresividad o ansiedad), son los principales factores que pueden conllevar a una relación inadecuada y conflictos sociales entre los caninos del hogar.

Por ejemplo, si tenemos un perro adulto que tiene una personalidad y rutina calmada y llega a su vida un cachorro sobre activo, es probable que el primero exhiba signos de incomodidad (evasión del contacto social, dejar de jugar) a partir de diferencias en el nivel de actividad. Si esta relación persiste, el perro adulto puede comenzar a mostrar conductas agresivas hacia el cachorro (ladridos, gruñidos y mordeduras) a partir del estrés que está experimentando.

Por otro lado, los conflictos sociales pueden aparecer si uno de los canes del hogar presenta comportamientos de protección de sus objetos personales (cama, platos de comida, juguetes) hacia otros perros. Estos comportamientos incluyen el esconder objetos en su cama, ponerse tenso (pelo erizado, cuerpo encorvado) o agresivo (gruñidos, mordeduras) cuando otro perro está cerca de sus objetos.

Eventualmente, si estos escenarios se siguen manifestando, el perro protector puede escalar y comenzar a agredir a otros perros, mientras que el perro agredido puede desarrollar miedo social y agresividad por miedo como consecuencia de los ataques.

En un último escenario, si un perro presenta problemas de comportamiento individuales como miedo a pirotécnicos, agresividad por miedo hacia personas, ansiedad social, entre otros, puede predisponerlo a que exhiba comportamientos agresivos redirigidos hacia otros canes. Por ejemplo, algunos perros que presentan agresividad por miedo hacia personas, al no poder acceder a su objetivo principal (personas), redirigen estos comportamientos agresivos hacia el objetivo más cercano, que en muchos casos se trata de otro perro del hogar.

De esta manera, a partir de un evento negativo, se altera la relación entre estos dos perros, conllevando a situaciones de tensión y conflicto en la convivencia diaria.

Los escenarios antes mencionados no siempre se manifiestan en todos los hogares. Sin embargo, al representar un claro peligro para la convivencia, es importante que podamos prevenir estas situaciones a través de un manejo integral de las interacciones sociales y del ambiente físico de los perros. Podemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Satisfacer las necesidades individuales de cada perro. Si hay perros sobre activos en el hogar, debemos ofrecer diversas opciones de juego físico y mental para satisfacer sus requerimientos y prevenir comportamientos de demanda de atención.
  • Establecer una comunicación clara, predecible y ordenada. Es ideal que todos los perros estén educados en adiestramiento básico (sentado, echado, quieto) para que podamos aplicarlos en la rutina diaria, de manera que todos los perros reciben atención siempre y cuando realicen un comportamiento deseado (sentarse).
  • Establecer un orden referencial de acceso a los recursos. Podemos establecer números de orden (1, 2, 3) para que cada perro aprenda a esperar antes de recibir un recurso (juguete, comida, colocarle la correa). Esto no tiene nada que ver con la jerarquía, simplemente es un manejo organizado.
  • Sus platos de comida, camas y juguetes deben estar distanciados varios metros, para que cada uno tenga espacio suficiente para realizar sus actividades.
  • No utilizar ningún tipo de castigo físico o verbal. El castigo no es efectivo, genera miedo y ansiedad, y deteriora el vínculo con nuestras mascotas.
  • Identificar y tratar con un especialista (etólogo) los problemas de comportamientos individuales de nuestras mascotas.

Estas recomendaciones son generales y no siempre pueden aplicarse en todos los casos. Por ello, debemos observar la relación de nuestros canes e identificar situaciones problemáticas para poder manejarlas con la ayuda del especialista.

Finalmente, es necesario comprender que no a todos los perros les agrada convivir con otros perros. Si bien los perros son sociables, actualmente se conoce que la gran mayoría de ellos son selectivos, es decir muestran comportamientos sociables con un grupo específicos.

Por esta razón, antes de decidir incorporar a otra mascota en el hogar, debemos conocer qué tan sociable es nuestro perro y evaluar los pros y contra de una convivencia múltiple.

De esta manera, salvaguardamos la salud física y emocional de los integrantes de caninos de nuestra familia.

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