Aoshima, la isla de los gatos

Un ejército de gatos callejeros gobierna una isla remota en el sur de Japón, refugiándose en casas abandonadas y paseando por las calles del pueblo de pescadores donde los felinos superan a los seres humanos por seis a uno. 

La pequeña isla de Aoshima, ubicada al sur de Japón, ha llamado la atención de turistas de todo el mundo. Los primeros gatos llegaron para combatir una plaga de ratones que había en la isla y en los barcos pesqueros. Estos animales comenzaron a reproducirse y acabaron poblando todo el lugar.

Los japoneses adoran a los gatos. Forman parte de su cultura y de su mitología. En la isla de Aoshima, la Isla de los Gatos, son los auténticos reyes.

Para un japonés alimentar a un gato da buena suerte, y además ahuyentan a los ratones, así que no es extraño que en las zonas rurales sean muy abundantes, hasta el punto de que existen once islas que se autoproclaman Isla de los Gatos.

Estos felinos formar parte de la mitología japonesa desde hace siglos. Aparecen a menudo en el anime y el manga en forma de espíritus, dioses, animales parlanchines, e incluso razas mitad humana y mitad gato.

La Isla de los Gatos más famosa es Aoshima, situada en la prefactura de Ehime, al suroeste de Japón. Su fama es bien merecida: hay 36 gatos por cada habitante.

Por desgracia, Aoshima perderá su condición de Isla de los Gatos en unos pocos años.

Es una isla de apenas 1,6 Kilómetros de largo, que alrededor de 1950 llegó a tener 900 habitantes, la mayoría pescadores. En aquella época comenzaron a criar gatos para acabar con las plagas de ratones que llenaban los barcos pesqueros.

Pero con el paso del tiempo, los caladeros de sardinas fueron desapareciendo por la sobrepesca, y los jóvenes se marcharon a la ciudad. En 2013 solo quedaban 50 personas, y en 2019 había censados tan solo 6 habitantes, con una media de edad de 75 años. En cambio, los gatos se han mantenido estables, alcanzando una población de unos 220 felinos. Es decir, más de 36 gatos por cada habitante.

En 2018, debido a que los habitantes son muy ancianos y la isla pronto quedará deshabitada, las autoridades decidieron esterilizar a toda la población de gatos. Solo se salvaron 10, que un residente escondió para que no los castrasen.

Así que, en unos años, la población de gatos descenderá considerablemente.

Es una historia curiosa con un final un poco triste. Pero seamos optimistas: la vida, al final, siempre se abre camino. Y seguro que los gatos de Aoshima seguirá habitando la isla durante mucho, mucho tiempo.

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