¿Y si llevo un perro a la casa?

La decisión de adoptar un nuevo integrante peludo a la familia siempre es una tentación. Sin embargo, hay situaciones que pueden resultar desfavorables para la convivencia.
¿Que va a hacer mi gato?
En este artículo conversaremos de los factores positivos y negativos a considerar para tomar esta decisión.

La convivencia con mascotas es una experiencia en la que ambas partes, tutor y mascota, se benefician mutuamente a diversas escalas. Por un lado, nuestras mascotas reciben cuidados sanitarios, alimenticios, conductuales y nuestras infinitas demostraciones de amor. En retorno, las mascotas nos ofrecen su fidelidad, amor incondicional y hasta pueden ser soporte emocional en nuestros momentos más dolorosos.

En algunos casos, esta convivencia feliz nos motiva a seguir incrementando la familia con el ingreso de uno o más individuos perrunos o gatunos al hogar. En el caso de los felinos esta decisión podría llegar a ser muy estresante si no tememos en cuenta algunos factores, más aún si consideremos introducir un perruno a nuestro hogar. Debemos recordar que los gatos se consideran cazadores solitarios y se pueden estresar si hay cambios en su entorno físico y social, por lo que cualquier individuo que no forme parte de su entorno pasará a ser una amenaza directa. Si estamos pensando en incorporar un nuevo integrante al hogar, consideremos los siguientes factores. 

Estado de salud felino

Algunas enfermedades se pueden desencadenar o intensificar con el estrés. Si nuestro gato tiene una condición médica que de por sí limita la vida de nuestro gato, el ingreso de una mascota puede agravar la situación y deteriorar más su bienestar físico y emocional. 

Personalidad felina

Este debe ser el primer factor a considerar. Los gatos pueden ser temerosos, territoriales, amigables, extrovertidos e impulsivos frente a otros individuos. Si nuestro gato es temeroso, se esconde por varias horas, intenta escaparse o se muestra agresivo cuando ingresa un individuo nuevo, lo mejor será reevaluar el ingreso de la nueva mascota. Recordemos que el estrés agudo y persistente puede desencadenar problemas médicos y al mismo tiempo tener un impacto negativo en el bienestar emocional felino.

Por el contrario, si nuestro es amistoso con cualquier persona o mascota, se muestra curioso y se aproxima a explorar, el ingreso de una nueva mascota podría ser una adición positiva para el grupo social.

Socialización con otras mascotas

El período de socialización felina se sitúa entre la segunda y novena semana de desarrollo del gatito. Si en este período nuestro gato no ha socializado o interactuado con perros, el ingreso de una nueva mascota puede llegar a ser complicado y debemos realizar una introducción amistosa paso a paso. 

Experiencias previas

Si en el pasado nuestro gato fue atacado por perros o tuvo signos moderados a fuertes de estrés (agresividad, anorexia, eliminación inadecuada y otros problemas médicos), el ingreso del mismo estímulo visual (perro) y olfativo (olor de un perro) puede evocar reacciones similares y comprometer su bienestar emocional. Por otro lado, si nuestro gato reaccionó de manera neutral o amistosa ante la presencia de perros, el ingreso del nuevo individuo puede no ser tan estresante. En este punto debemos centrarnos en la personalidad del perro ingresante.

Personalidad del nuevo individuo

Una vez determinada la personalidad de nuestro felino, debemos enfocarnos en la personalidad del perro ingresante. Debemos priorizar la seguridad de nuestro gato y, como medida de prevención, evitaremos perros con historial de conducta predatoria hacia gatos, perros agresivos hacia otras mascotas y perros demasiado sobreactivos que puedan invadir constantemente el espacio personal de nuestros gatunos.

En líneas generales, perros sociables con otras mascotas, juguetones y de preferencia que hayan convivido con otras mascotas en el pasado son una muy buena alternativa para la convivencia inter-especie. La edad del nuevo integrante es relativa, pero debemos considerar que un perro adulto o geriatra puede ser menos activo que un cachorro y esto significaría un menor estrés. Los cachorros pueden ser una muy buena decisión si es que manejamos el ambiente para satisfacer las necesidades del cachorro sin alterar el espacio físico y la distribución de recursos de nuestros gatos. 

Ambiente físico

Nuestro gato identifica su hogar como un espacio seguro donde encuentra alimento, escondite y zonas de evacuación. Si ese espacio es invadido por un perro y se cambia la distribución de sus recursos, nuestro gato puede llegar a estresarse. Por ello, debemos contar con un espacio amplio si deseamos incorporar un perro al hogar.

En este espacio, trataremos de que nuestro gato no se sienta amenazado por la presencia del perro. A ningún gato le gusta le estén olfateando el plato mientras está alimentándose. De igual manera, cuando utilizan su bandeja sanitaria no desean recibir visitas inesperadas ni imprevistas. Por ello, nuestros esfuerzos deben dirigirse a mantenerse la privacidad y espacio personal felino, colocando rejillas o bloqueos físicos para restringir el acceso del perro (y al mismo tiempo que permita ingresar al gato; colocar los platos de comida en zonas elevadas (repisas, torres); restringiendo el acceso del perro a algunas habitaciones del hogar donde nuestros gatos suelan descansar; entre otros.

Finalmente, todos estos factores interactúan entre sí y debemos evaluarlos de manera integral para tomar la mejor decisión y así la convivencia sea armoniosa, tanto para nosotros como para nuestros gatunos y perrunos.

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