Convivencia entre perros geriatras y cachorros

Por Planeta Mascota

Una idea que surge cuando nuestro perro entra a una edad geriatra es la introducción de un nuevo cachorro para que lo «active» y tenga con quién jugar.

Pero, ¿será realmente beneficioso para nuestro viejito?

¿Qué factores debo considerar?

¿Puedo hacerlo si mi perro no es sociable?

 

En este artículo responderemos todas tus dudas si es que está en tus planes contar con un integrante canino más en el hogar.

 

 

Bach M.V. Luis Antonio Buitrón Ramírez
Asesor en Etología Canina y Felina
Telf.: 931773179
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En la vida de nuestro perruno llega un momento en el que comenzamos a observar que ya no es el mismo de antes, ya no corre por toda la casa, se cansa rápido en los paseos o incluso se la pasa todo el día durmiendo. Efectivamente, nuestro perro – así como las personas – está envejeciendo y en este proceso existirán cambios en su intensidad y tiempo de actividad (disminución del tiempo de juego, cansancio durante los paseos), cambios en la personalidad (algunos se vuelen dependientes, irritables o temerosos) y cambios en la rutina diaria (menor exploración en nuevos lugares, ciclos de descanso prolongados).

No todos los perros muestran estos cambios. De hecho, algunos se mantienen muy alertas y activos a pesar de estar en una edad geriatra. Sin embargo, una idea que puede surgir en un intento de animar a nuestro perro geriatra o simplemente porque deseamos añadir un integrante canino más al hogar, es la introducción de un cachorro. Pero, ¿será esta una buena idea? Antes de pensar en esta alternativa debemos conocer el estado físico y emocional de nuestro perro geriatra.

 

Factores en la convivencia con cachorros

a) Presencia de problemas médicos

Algunos perros de esta edad pueden presentar problemas médicos (osteoartritis, problemas renales o cardíacos, enfermedades crónicas, etc.) que los predisponen a un estado de irritabilidad constante debido a la presencia de dolor u otros signos clínicos. Si este es nuestro caso, tal vez la presencia de un nuevo cachorro puede resultarte estresante y de forma indirecta empeorar su estado de salud.

b) Personalidad

Otro factor a considerar es la personalidad de nuestro perro geriatra. Algunos perros no desean socializar con otros perros, no porque tengan problemas en la socialización (miedo), sino simplemente porque desean pasar más tiempo jugando o disfrutando con personas e ignoran o evitar la interacción con otros perros. Debemos tener en cuenta que a los cachorros les gusta explorar, morder cosas, jugar con mucha frecuencia, y si nuestro perro no está acostumbrado a este ritmo de actividad, la presencia de un cachorro puede resultar estresante si la realizamos sin una presentación gradual y sin supervisar sus actividades en la rutina diaria.

También debemos considerar la personalidad del cachorro. Algunos cachorros son tranquilos y muestran un nivel de actividad promedio. Sin embargo, otros se muestran sobreactivos y están en constante búsqueda de juego e interacción social con personas y otros perros. Si nuestro perro geriatra es activo pueden hacer “match” y ambos beneficiarse de la presencia del otro; pero si nuestro perro es de actividad baja, un cachorro muy activo puede invadir su espacio personal, no dejarlo descansar, comer o jugar tranquilamente y ser una fuente de estrés constante.

c) Socialización

Si nuestro perro viejito mostró conductas agresivas o temerosas con otros perros cuando era cachorro, juvenil o adulto, muy probablemente la presencia de un cachorro no será de su agrado, más aún si hacemos la introducción de manera invasiva. Recordemos que la causa principal de agresividad en perros es el miedo, debido a una socialización inadecuada en sus primeros meses de vida. En este sentido, nuestro perro geriatra al ver a otro perro experimenta miedo, estrés y ansiedad, lo cual no es beneficioso para su salud emocional. ¿Esto quiere decir que si mi perro no es sociable nunca podrá interactuar con un cachorro? No necesariamente, todos los casos son diferentes y los perros no sociables muestran niveles diferentes de agresividad o miedo. En este caso, es importante asesorarnos con una especialista para que nos ayude a determinar si la presencia de un cachorro es beneficiosa o no para el hogar y la convivencia diaria

d) Diferencias en tamaño

Este factor pasa muy desapercibido en la convivencia entre un perro geriatra y un cachorro. Si tenemos un perro geriatra sociable y juguetón con un cachorro tranquilo, pueden hacer “match” y ser los mejores amigos del mundo, pero podrían presentarse problemas en el juego. Imaginen ser un perro pequeño y que venga tras nosotros un cachorro enorme a toda velocidad. Algunos perros no tienen problemas en este punto y disfrutan del juego sin importar el tamaño, sin embargo, un juego brusco de este nivel puede resultar asustando al perro geriatra.

En este caso, es importante hacer pausas e intervenir en las sesiones de juego, para disminuir la excitación de ambos, redirigirlos hacia otras actividades (juguetes mordedores, pelotas, peluches, etc.) y luego reiniciar el juego social. De esta manera con un juego estructurado y tiempos de descanso, podemos prevenir que el juego se vuelva un factor que enemiste a nuestros perrunos.

 

Introducción de un nuevo cachorro

En el proceso de introducir un cachorro debemos comprender que es el cachorro quién debe adaptarse a la rutina del hogar y a la rutina de nuestro perro. Obviamente, al estar recién aprendiendo el cachorro puede fallar, por lo que nuestra supervisión será un factor clave en el éxito de la convivencia entre ambos. Debemos considerar los siguientes puntos para hacer una buena introducción

a) Respetar los recursos de nuestro perro geriatra

Los recursos del cachorro (platos, comida, zona de juego) inicialmente deberán estar alejados de nuestro perro geriatra y dependiendo cómo se desarrolle su vínculo podemos acercarlos o alejarlos.

b) Respetar la zona de descanso y tiempos de juego

Si nuestro perro geriatra desea descansar o jugar sólo con nosotros, debemos llevar al cachorro a otro ambiente o confinarlo en un corral. Recordemos que nuestro perro geriatra necesita tranquilidad y ver que la presencia del cachorro no es una amenaza para su tranquilidad habitual.

c) Aproximaciones graduales y supervisadas

En las primeras semanas de la llegada del cachorro, debemos supervisar cómo es su interacción para prevenir cualquier situación que genere miedo o estrés a alguno de ellos. Si se muestran amigables, sociables y juguetones, podemos darle más libertad, pero interviniendo si es que el juego se torna brusco o si no es recíproco (sólo uno de ellos es el perseguido).

Finalmente, no todos los casos son iguales. Algunos perros se estresan y desarrollan conductas asociadas al estrés (anorexia, aislamiento, agresividad por irritación, ansiedad), pero también podemos encontrar que un perro que era reservado se ha vuelto más sociable a partir de la llegada de un cachorro, o que un perro no tan activo se ha vuelto más juguetón. Independientemente del caso es importante asesorarnos con un especialista para que garanticemos el bienestar físico y emocional de cada uno, formemos un vínculo emocional estable y ambos perros se vean beneficiados de la convivencia social.

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