¿Y se mi gato se pone rebelde?

Por Planeta Mascota

¿Tu gato alguna vez te ha atacado y no identificas el motivo? Pueden existir muchas situaciones y en este artículo te indicamos qué puede estar provocando estas reacciones en tu felino.

 

Bach M.V. Luis Antonio Buitrón Ramírez
Asesor en Etología Canina y Felina
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La agresividad es una conducta adaptativa en el repertorio conductual del gato para responder frente a un estímulo que el gato considere peligroso para su supervivencia en el medioambiente. Sin embargo, esta conducta no es el primer escalón de respuesta del gato en situaciones estresantes. Un gato puede quedarse paralizado (“freeze”), escapar (“flight”) y si estas estrategias no funcionan, exhibir una conducta agresiva (“fight”) como último mecanismo de defensa.

Es importante comprender que los gatos no son por agresivos por naturaleza. En realidad, son una especie muy susceptible al estrés y cualquier cambio en su entorno físico o social, puede desencadenar conductas agresivas. En la convivencia moderna, los gatos están expuestos a diversas situaciones que no son normales para ellos (p.ej. visitas al veterinario, convivir con gatos u otras mascotas, ruidos fuertes, interacciones físicas invasivas), por lo que es necesario realizar una identificación temprana de los estímulos y contextos que generan miedo, estrés o ansiedad en nuestros felinos, para hacer una introducción amistosa.

El primer paso para determinar qué está motivando la conducta agresiva, es descartar un problema médico. El dolor asociado a cualquier problema médico (agudo o crónico) genera irritación, el cual puede manifestarse como una conducta agresiva hacia nosotros en cualquier escenario de la convivencia diaria. Una vez descartado este problema, recién podemos pensar en que hay algo en el ambiente o interacción diaria que pueda estar estresando a mi gato de manera muy intensa.

En la convivencia con humanos dentro del hogar nuestro gato puede reaccionar de manera agresiva cuando intentamos acariciarlo de manera invasiva, cargarlo, besarlo o forzar la interacción física (agresividad por manipulación). En este escenario, es nuestro gato quién decide el “cómo”, “cuánto” y “dónde” de las caricias, de manera que esta interacción se hace más predecible, menos amenazante para ellos y en consecuencia totalmente placentera. Otro contexto en el que nuestro gato puede mostrarse agresivo es cuando intenta cazarnos las manos, pies u otra parte del cuerpo en su afán de satisfacer su conducta natural de caza (agresividad por juego o predatoria). Algunos gatos pueden ser más cazadores que otros y al no encontrar suficiente estimulación mental y activa, pueden redirigir hacia nosotros. El uso de juguetes con diversas texturas y varias sesiones de juego durante el día puede prevenir este problema, pero en algunos casos es necesaria la implementación de técnicas de modificación conductual para redirigir este problema.

El uso de castigos físicos o verbales es algo que está contraindicado en la convivencia con ellos, sin embargo, solemos utilizarlos de manera muy frecuente en nuestra rutina (spray con agua, palmazos, gritos). Estos métodos pueden generar estrés y ansiedad, y en respuesta nuestro gato intentará atacarnos para detener el castigo (agresividad por frustración). Si nosotros continuamos con estos castigos, ya no sólo intentarán atacarnos cuando los castiguemos, si no que intentarán prevenirlo y comenzarán a atacarnos cada vez que nos vean, porque en este punto el gato ya asoció que nuestra presencia es peligrosa para ellos (agresividad por miedo).

Algunos gatos tienen una personalidad territorial y no permiten el ingreso de personas en su hogar. En este escenario, nuestro gato buscará proteger su territorio y exhibirá conductas agresivas hacia personas que no forman parte de su familia humana (agresividad territorial). Por esta razón, debemos socializar tempranamente a nuestro gatito (2-7 semanas) con diversos tipos de personas, con características físicas diferentes, tonos de voz diferentes y que tengan una aproximación amistosa con él, principalmente si se trata de niños. Así, cuando nuestro gato sea juvenil o adulto identificará a las personas como estímulos amistosos, previniendo así situaciones de miedo (agresividad por falta de socialización).

Existen situaciones en las que no sabemos por qué nuestro gato está reaccionando de manera agresiva. Por ejemplo, estás sentado en la sala viendo la TV y de la nada viene tu gato, bufa, gruñe y ataca. Miramos alrededor y todo está normal. En estos casos debemos sospechar la presencia de algún estímulo que le genere miedo al gato, como un ruido fuerte (pirotécnicos), un ruido desconocido (llantos de bebé) o un olor desconocido (olor al gato o perro con el que tuviste contacto en la calle). En estos contextos, nuestro gato se siente amenazado por ese sonido u olor, pero no logra identificarlo visualmente, por lo que en algunos casos redirigirá este estrés hacia su objetivo más cercano, y si nosotros estamos en ese ambiente probablemente nos atacará (agresividad redirigida). En este caso, nosotros somos el objetivo secundario y debemos identificar qué estímulo es el que puede estar estresando de manera intensa a nuestro gato.

Recordemos que la agresividad es un signo de un problema mayor (médico o conductual) y debemos evaluar el ambiente físico, las interacciones sociales con la familia y otros gatos, el tipo de enriquecimiento ambiental y otros factores asociados que puedan darnos una idea del problema de nuestro gato. Si comprendemos este abordaje integral, podemos mejorar el bienestar emocional y física de nuestro gato.

 


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