Mi perro tiene un problema VS Mi perro es un problema

Por planetamascota

 Una idea que suele venir a nuestra mente cuando nuestro perro hace una travesura es si realmente él lo está haciendo como parte de su naturaleza canina o si es que hay alguna motivación emocional detrás de ella. Por ello es importante conocer que existen conductas normales de nuestro perro que en la convivencia pueden ser problemáticas, pero también que existen conductas patológicas que están asociados al estrés, miedo o ansiedad. Acompáñanos a revisar un par de casos en los que podemos diferenciar cuando mi perro necesita ayuda profesional y cuando debemos ser más comprensivos como parte de su desarrollo conductual.

 

 

 

 

Bach M.V. Luis Antonio Buitrón Ramírez

Asesor en Etología Canina y Felina

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“luna es una perrita mestiza de 6 meses de edad, tamaño mediano. Fue adoptada cuando tenia 1 mes, y actualmente convive con una pareja de esposos que tienen una hija pequeña, Isabel. Ellos estan preocupados porque Luna ha crecido mucho y juega de manera muy tosca, Isabel tiene heridas en los brazos y manos, y sus padres están preocupados, pues temen que Luna sea agresiva en el futuro…”

 

 

 

“Bobby es un labrador de 2 años de edad, es juguetón y con mucha energia. Ademas, es muy cariñoso con su dueña, Cristina, Bobby la sigue a todos lados, pero tan pronto ella sale de casa, llora tras la puerta casi al instante. Al volover a casa, todo es un desastre:  Bobby ha mordido las patas de la mesa, y conrtinas, se ha orinado en la sala, en los muebles, y encontro la puerta con marcas, Cristina está preocupada, quiere mucho a Bobby pero ya no sabe qué hacer…”

 

Las situaciones anteriores describen dos problemas muy frecuentes durante la convivencia familiar, pero representan escenarios muy distintos y necesitamos determinar si realmente nuestra mascota tiene un problema o somos nosotros los que no comprendemos estas conductas inadecuadas.

Entonces: ¿Realmente Luna es una perra agresiva?, ¿representará más adelante un peligro para la familia?, ¿será Bobby un perro malcriado?, ¿tiene Bobby un problema?, ¿acaso Cristina es la responsable? Veamos a continuación los casos de Bobby y Luna.

¿Quién es el problema? ¿Mi perro o yo?

Empecemos por diferenciar una “Conducta problema” de un “Problema conductual”. Una “conducta problema” es un comportamiento natural y adaptativo, que forma parte del comportamiento normal del perro o gato, pero que representa una molestia para los dueños. Dentro de esta tenemos: cachorros o gatitos mordelones, marcaje urinario, rasguño de superficies, ladrido territorial, conducta predatoria, comer heces, entre otros.

Este tipo de conductas, en algunos casos, pueden modificarse o redirigirse mediante terapias conductuales y enriquecimiento ambiental. Sin embargo, es necesario comprender que son conductas normales, y forman parte de la genética de nuestra mascota, por lo que, en la medida de lo posible, debemos respetarlas y comprender por qué nuestras mascotas las realizan.

 

 

 

 

 

 

Un “problema conductual”, se refiere a una conducta anormal y patológica, la cual no forma parte del comportamiento normal del perro o gato, e involucra un estado emocional alterado debido a cambios en el Sistema Nervioso Central. Dentro de estas tenemos: agresión por miedo, fobia a ruidos, fobias sociales intraespecíficas (perros) o interespecíficas (gatos, personas), trastornos compulsivos, ansiedad por separación, entre otros.

En estos casos, la intervención de un especialista en Etología Veterinaria es fundamental, debido a que este tipo de problemas necesita de un diagnóstico profesional para poder implementar las terapias conductuales, farmacológicas y complementarias específicas para resolver el problema. De igual manera, necesita nuestra comprensión y paciencia, porque en algunos problemas, los cambios en nuestra mascota se observan a mediano o largo plazo.

Comprendido esto, regresemos a los casos iniciales.

Luna

Esta cachorrita presenta una conducta problema, el mordisquear y morder forma parte de su conducta normal, dado que es la forma en la cual exploran su medioambiente, diferenciando qué es peligroso y seguro, y es una forma de juego social, realizada con los hermanos de la camada o miembros familiares para reforzar los vínculos afectivos.

Luna es la típica “cachorra mordelona” que no mide la fuerza e intensidad de su mordida durante el juego, por lo que es fácil resultar con heridas en brazos, manos y hasta piernas. Por ello, necesitan aprender a limitar la fuerza de su mordida, en un proceso denominado inhibición de la mordida.

Esto es realizado por la madre entre las 6-8 semanas de vida del cachorro, mediante el cual regula el juego brusco en la camada. En el caso de Luna, la adopción temprana interfirió con este aprendizaje, por lo que al llegar a casa – y en combinación a otros factores (permisividad de los dueños, refuerzo inconsciente, excitación provocada) – mordía y mordisqueaba sin saber si estaba bien o mal hacerlo con esa fuerza.

Luna requiere de este aprendizaje, realizado por nosotros o por un «hermano canino mayor» (ver próximos artículos), y redirigir esta conducta hacia objetos adecuados (peluches, juguetes interactivos) para disminuir su conducta problema.

 

 

 

 

 

 

 

Bobby

Este precioso labrador presenta un problema conductual denominado “Ansiedad por separación”. Este problema se debe a un desorden en la relación social con su figura de apego (la persona más querida), lo cual genera un estado de ansiedad cuando es dejado solo. Existen también otras causas que desencadenan esta condición, como separación temprana de la madre, eventos traumáticos cuando estaba solo, predisposición racial, entre otros.

En cualquier de los casos, este problema revela un estado emocional negativo, lo cual puede redirigirse hacia la expresión de conductas inadecuadas, como perseguir a su dueña por toda la casa, saludarla de forma incontrolada (incluyendo micciones espontáneas), vocalizaciones en su ausencia, destructividad y eliminación inadecuada.

El tratamiento de Bobby incluye no solo el adiestramiento básico, sino también terapias conductuales muy específicas (desensibilización sistemática) para redirigir su estado de ansiedad. Además, algunos casos requieren terapias farmacológicas (antidepresivos) y complementarias (feromonas), por lo que la intervención de un profesional capacitado es lo más recomendable.

 

 

 

 

 

Recomendaciones finales

Ahora hemos aprendido cuando nuestra mascota realmente está haciendo algo inadecuado, y cuando somos nosotros los que no entendemos su conducta natural. Debemos darle la oportunidad de expresarse con normalidad, y educarlos de forma adecuada. Por ello, es necesario conocer más de nuestras mascotas caninas y felinas, sus gustos y preferencias, conductas normales de la especie, necesidades conductuales, para poder satisfacerlos, evitar problemas y fortalecer nuestra relación con ellas.

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