Por M.V.Taisa Stefan Maisterow  CMVP 10053 

Los gatos a partir del primer mes de nacidos empiezan a salir del lecho de la mamá, empiezan a querer ampliar su radio de movimiento y acción, descubren cómo salir del nido, descubren el movimiento de la cola de los hermanos y descubren el juego propio del instinto de caza. Ya no todo es lactar.  Efectivamente, los gatitos empiezan mordiendo la cola de mamá luego recibirán un manotazo de ella. Luego morderán la cola de los hermanos y se escucharán maullidos de dolor por las mordidas y mamá los corregirá.   

Jugar es aprender 

Posteriormente saliendo del nido empezarán a encontrar objetos que les llamará la atención y los tocarán con sus manitas. Los gatos de corta edad utilizan el juego como una forma de aprendizaje. Luego esos juegos se transformarán en técnicas de caza que utilizarán a lo largo de sus vidas ya que es parte de su comportamiento e instinto. El juego los mantiene en perfecto estado de alerta y los adiestra en una extraordinaria coordinación, propia de todo felino. Solo los felinos domésticos que son incorporados al entorno de los humanos juegan durante toda su vida, y es el humano que intenta que estos mantengan una continua niñez. Este es uno de los motivos por los que el gato consigue una total dependencia del hombre antes del alimento. El juego es más que UN JUEGO. El juego ejercita al gato para liberar energía acumulada; el juego lo ayuda a liberar el estrés y la ansiedad. Es el estímulo para estar activo. 

Juego, persigo, cazo 

El juego preferido siempre es perseguir objetos en movimiento que reemplaza a la actividad más realizada por los felinos, que es la caza. Muchas veces la falta de esta actividad ya sea realizada por el gato o la falta de estímulo por el dueño, ocasiona arañazos o mordiscos que los gatos les propinan a sus dueños en busca de realizar dicha actividad. 

¿A qué jugamos? 

Existen juegos muy simples, desde una bola de papel para que persigan, pitas, pelotas pequeñas o los más sofisticados e interactivos como cañas con plumeros de colores o cascabeles. Dichos juegos obligan a su humano a interactuar, por lo que jugar se convierte en el momento favorito del gato. 

Los gatos necesitan rascadores para simular los troncos de los árboles, donde dejarían sus feromonas para marcar su territorio. La falta de rascadores obligará al gato a rascar muebles ya que los considera dentro de su territorio y debe marcarlos. 

¡Jugar es vida! ¡Un gato que juega es un gato feliz!